¡Lo que viene derecho… no trae arrugas! 

“A quien le van a dar, le guardan”. ” Lo que se hereda no se hurta”.-  El duelo convertido en carnaval.-  Una crónica con alma y profundidad.-

Por:   Wilber José Fábregas Molina 

Fotos: Nicolás Sastoque (archivo de la Puntica No Ma – Manuela Gómez Bancelin) Carnaval.SAS)

Este dicho  como uno de los tantos nuestros, está relacionado con algo que llega directamente, sin contratiempo alguno y especialmente cuando se trate, como en este caso, de temas o relatos proveniente de personas que descienden de otros valores que a través de los años han dejado huellas en la sociedad por sus narrativas.

Escribir es una cualidad que llevamos impresa en nosotros desde cuna, cuando comenzamos a trazar las primeras letras que nos enseñaron los tutores de la educación, bien padres, o maestros teniendo por modelo el abecedario, iniciando la difícil pero importante labor del cognitivo estudio de las letras. desde la famosa cartilla a,b,c y dicha cualidad se mantiene erguida en algunos, aplicando saberes interesantes. Valoramos entonces que esa facultad merece ser reconocida y digna de una distinción.

Eso ocurrió a la mejor crónica de carnaval en el reciente concurso periodístico, en la pasada versión de la Décima Tercera Edición del Premio de Periodismo Ernesto McCausland Sojo, que mantienen viva la esencia misma de su origen, exaltando la memoria de este personaje que en el periodismo del Caribe marcó una historia como periodista, guionista, redactor, donde hubo narrativas importantes conservando la razón de ser de cada género, siendo por ello premiadas en cada modalidad.

Por este motivo esta crónica como género periodístico, la he intitulado:

 “Lo que viene derecho… no trae arrugas”

 frase célebre que intuye que algo que se recibe es debido a una herencia o descendencia, como también, “lo que se hereda no se hurta” y entre los favorecidos resaltamos a Jorge Mario Sarmiento Figueroa, ganador en la categoría “Mujer y Carnaval” por la crónica titulada:

 Manuela Gómez Bancelin, “La viuda que bailó su duelo en el Carnaval de Barranquilla.”

Barranquilla es una ciudad extraordinaria, de gente buena y maravillosa, que “sabe cantar y sobre el yunque martillar”, frase que forma parte de su hermoso himno y que esboza al ser barranquillero como intelectual y trabajador; ese que lleva consigo la ilusión del Caribe blanco y azul, demostrando con ello su sabiduría y fortaleza para sobresalir en los afanes de la vida y alcanzar sus propósitos.

Este comunicador de profesión, artista por vocación, cronista, poeta, realizador audiovisual, estratega empresarial, catedrático, ampliamente conocido por ser el director y editor general del portal periodístico y cultural La Cháchara; orgullosamente barranquillero, logra lo que se propone. y por ello hay contadores de historias, talentos, comportamientos, sabiduría, servicio a la sociedad, empeño, dedicación y sobre todo si provienen de nuestros padres; rasgos que se adquieren. Son predisposiciones genéticas, heredadas y en el curso de la vida se mantienen.

De tal manera que se ratifica que “Lo que viene derecho no trae arrugas” el premio  estaba destinado para él como lo afirmó la colega Mabel Morales al ratificar que hay firmeza en su narración, es  una historia fantástica, llena de colores, aunque marcada especialmente por el negro, porque simboliza el luto de las viudas, sin embargo; en el carnaval de Barranquilla, este color cambia el sentido porque la viudez de las “dolientes”, concluye el martes, de carnaval cuando Joselito, vuelve simbólicamente a morir para renacer al año siguiente y armar de nuevo el zafarrancho carnavalero.

 El tema envuelve al lector de principio a fin, demostrando que el género periodístico no debe aplicarse únicamente para obtener reconocimientos o trofeos, sino para realizar descripciones con decoro, profundidad y responsabilidad social.

El ganador de este reconocimiento proviene de una familia de comunicadores, de narradores que han escrito imágenes que traen recuerdos, en la sociedad que enguayaban y se convierten en  enseñanzas y así se encuentra estampado en este valor nuestro; hijo de Rafael Sarmiento Coley y Nira Figueroa Turcios, sobrino de Francisco Figueroa Turcios, de Ramiro Sarniento, familia que es un ejemplo para el periodismo.

La crónica y el reportaje no deben perder su esencia. Hoy muchos pretenden imponer formatos rápidos y superficiales, dejando vacíos enormes en los relatos, con temas tratados a medias y sin investigaciones profundas, todo por la velocidad y el afán de publicar primero.

Esa práctica termina alejando al lector de la verdadera esencia narrativa y deja incluso a algunos autores sin claridad sobre si escribieron una crónica o un simple reporte informativo.

La rapidez con la que hoy se construyen ciertos contenidos, llenos de títulos, antetítulos y subtítulos vacíos, termina sacrificando el vínculo humano que debe existir entre el cronista y sus lectores.

Lo realizado por Jorge Mario es una narración detallada, humana y profundamente sensible, como deben relatarse las grandes historias.

Su crónica nace desde la esencia misma del género periodístico: contar hechos reales con humanidad, profundidad y emoción. Y él sabe hacerlo porque entiende que para llegar al lector es necesario relatar cada incidencia, cada detalle y cada sentimiento contenido en la historia.

Por eso impacta no solo a los jurados, sino también a ese público deseoso de conocer las historias completas, de “cabo a rabo”.

El duelo convertido en Carnaval

En esa temporada fantástica llamada Carnaval de Barranquilla, llena de ingenio y tradición, desfilan cada martes muchas “viudas carnavaleras”, cuya viudez dura apenas un día para despedir al eterno Joselito Carnaval, el personaje que muere para resucitar 365 días después.

Pero lo que inspira al narrador de esta crónica es algo mucho más profundo: la decisión de Manuela Gómez Bancelin, artista clown, danzante consagrada y capitana por primera vez del colectivo artístico “La Puntica No Má”.

Apenas dos meses después de perder a su compañero de vida y padre de sus hijas, Juan Felipe Espinosa Builes, decidió salir al Carnaval no para despedir al ficticio borrachón mujeriego y carnavalero, sino para honrar la memoria de quien fue su compañero en la vida, el arte y la cultura.

Juan falleció un sábado 13 de diciembre del año anterior, y aun así Manuela decidió enfrentar el dolor en medio de la fiesta más grande de Barranquilla, sin pensar en el qué dirán, sino en la necesidad de transformar su duelo en un homenaje de amor.

Un amor libre y apasionado

Como se detalla en la crónica, el amor los hizo libres. Se conocieron durante unas vacaciones en San Andrés, en 2010. Fue un amor inmediato que creció con libertad. Cada uno seguía su camino, pero siempre terminaban encontrándose.

El estudiaba en Nueva Orleans; ella en Bogotá. Más tarde viajaría a Barcelona y posteriormente a Nueva York. En uno de esos viajes a Estados Unidos, en 2014, volvieron a encontrarse de una manera definitiva, enlazando para siempre sus vidas.

Manuela se dedicó al estudio de diferentes expresiones artísticas y danzas: tribal fusión, flamenco y danza sufí. Incluso atravesó momentos muy difíciles, como una grave pulmonía sufrida en Europa mientras estudiaba danza.

La amistad entre ambos se fortaleció hasta convertirse en una historia marcada por el amor, el arte y las luchas compartidas dentro del Carnaval y los colectivos culturales.

Una crónica con alma y profundidad

Jorge Mario Sarmiento Figueroa logra construir un relato lleno de humanidad, inteligencia y sensibilidad narrativa. Su texto demuestra que escribir una crónica exige observación, paciencia, amor por los detalles y compromiso con la verdad emocional de los personajes.

Una buena narración necesita ojos para observar, oídos para escuchar y sensibilidad para interpretar el terreno que se pisa.

Y eso es precisamente lo que hace Jorge Mario: contar una historia con profundidad, sin mutilarla, sin apresurarla y sin negarle nada al lector.

Dos meses después de la muerte de su esposo, Manuela Gómez Bancelin decidió salir como capitana de “La Puntica No Má” en el Carnaval de Barranquilla 2026, cuando ellos como pareja se destacaban en el colectivo artístico, la pasión, el devenir de unos amigos que se desenvuelven en diferentes ocasiones en hechos iniciales de amistad para terminar atrapados por el Dios del amor, Pero la historia que conlleva premiar al trabajo periodístico presentado por Jorge Mario para concursar, la vive la afectada protagonista misma en carne y hueso, cuando su compañero de siempre, padre de sus hijos, se marcha de esta vida y ella envuelta en un  mundo  de fantasía y éxtasis se encuentra  inmersa  en una disyuntiva familiar y social por el triste desenlace, de afrontar un compromiso adquirido culturalmente  en donde el allegado, su propio esposo estaba profundamente ligado, listo para hacer parte de esa cambamberia, pero, el destino le hizo una mala jugada al apartarlos para siempre . , su compañero de vida y compañero de andanza en carnaval y otras actividades culturales, quien falleciera un sábado 13 de  diciembre  del año inmediatamente anterior, pensando no tanto en el qué dirán sus amigos y/o vecinos, sino sus propios deudos, al considerar que el fallecimiento era reciente y haya tomado la decisión de ser protagonista en medio del duelo eterno, no despidiendo al ficticio borrachón, mujeriego y carnavalero, sino encomiando a su manera la memoria de Juan Felipe Espinosa Builes.

Esta es la crónica que relata la decisión de una mujer que convirtió el duelo en un rito que celebra la vida y cada detalle está contenido en la obra escrita por Jorge Mario Sarmiento Figueroa.

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