Se nos fue Fabio Torres, el rector que transitaba el camino de inspirar y transformar vidas

Por : Lida Mendoza Orozco
Mucha tristeza y dolor ha causado en los círculos social, artístico, periodístico y político, la repentina y temprana partida del reconocido publicista, empresario y escritor, Fabio Torres, un hombre que pasó sus últimos años enfocado en inspirar y transformar vidas a través de sus propias vivencias, esas que dejó plasmadas en su libro “Cumplir mi sueño, mi plan favorito”, que narra la historia de su vida motivada por el deseo de superación, fe y ganas de salir adelante.

Asistí en agosto pasado al lanzamiento de su libro en el auditorio Crispín Villazón, allí presidió un encuentro en el que tocó las fibras más profundas de quienes llegaron a ese escenario para escuchar su narrativa.

Fabio fue un joven inquieto, se dedicó al diseño gráfico y a la publicidad. Más adelante, la vida le daría la oportunidad de crear su empresa, generar empleo, aportar a la sociedad a través de su oficio, contribuir con el desarrollo de su ciudad y finalmente, escribir el libro que lo llevaría a recorrer el camino que estaba transitando, donde comenzaba a recoger frutos.

El día del lanzamiento de su libro “Cumplir mi sueño, mi plan favorito”, Fabio llegó vestido impecablemente, con una rosa en sus manos y con voz firme, atrapó a los participantes con su historia llena de experiencia, pruebas y procesos que le permitieron crecer como ser humano y como profesional. Trabajar con amor, fe, enfoque, disciplina y agradecimiento fueron la clave para alcanzar el éxito; esta frase fue una constante durante su intervención, reconociendo que con esta conferencia se estaba cumpliendo el propósito de Dios para su vida.

Muchos lloraron mientras otros reían con las anécdotas del rector, que contaba cómo había sido su proceso y como poco a poco pudo ir derrotando esas vocecillas que se interponían para cumplir sus sueños.

A lo largo de su vida, mientras iba recorriendo su camino, le fue dando forma a sus deseos más profundos de ser alguien en la vida, quería demostrarle a todos que era capaz de levantarse del caos y florecer aún en medio de esa etapa de pandemia que golpeó a millones de familias en el planeta, y a fe que lo logró motivado por el amor de su hija Maria Fátima y de su madre Sara.

Fabio dejó de ser el chico de 13 años que expulsaron del colegio Loperena, aquel jovenzuelo vago que perdía el tiempo jugando billar y dominó mientras tomaba licor en sus largas noches de bohemia interminable, ese que pasaba la vida procrastinando. Con el tiempo se convirtió en un referente para muchas personas que en algún momento se sintieron desfallecer en el intento de lograr sus sueños.


Fue un hombre sencillo, alegre, trabajador, disciplinado, agradecido, generoso y noble que ayudó a otros de manera desinteresada, siempre con una sonrisa, con actitud positiva y con un alto grado de lealtad con sus amigos.

Hoy la sociedad vallenata llora y lamenta su partida. Se fue a su encuentro con Dios, joven, lleno de vida después de haber cumplido su propósito, dejando un invaluable legado de amor y superación personal y una estela de luz que será un faro para quienes, su plan favorito sea cumplir sus sueños.
¡Gracias, Fabio Torres!




