La fe  a la Virgen del Carmen que Diomedes Díaz convirtió en canto

Por: Lida Mendoza Orozco
Cada 16 de julio en Colombia se celebra el día de la Virgen del Carmen. En Valledupar, en plena alborada comienza a sonar la pólvora, los conductores alistan sus vehículos con imágenes, cintas y  escapularios, para desde muy temprano, participar en caravanas que se pasean por algunos sectores populares  de la ciudad y los templos abren sus puertas para recibir a cientos de devotos que participan en eucaristías ofrecidas a la Virgen del CarmenSin embargo, en medio de todo el fervor y el jolgorio, en esta fecha en Valledupar esta fiesta es acompañada con las canciones de Diomedes Díaz, el más célebre de los fieles devotos a esta advocación. 

Para el “Cacique de La Junta”, la Virgen del Carmen no era cualquier símbolo religioso, se convirtió en su refugio, su confidente y en la protectora que lo había acompañado desde niño. Su devoción trascendió, su fanaticada fue testigo y quedó inmortalizada en versos que hoy hacen parte de la memoria colectiva del vallenato.

Quizá una de las frases más recordadas aparece en “Título de Amor”, cuando en la letra de la canción, pronuncia un saludo que le sale del alma, “Virgen del Carmen, dame licencia, señora…”. Era casi un ritual, una forma de pedir permiso para cantar, como si necesitara primero la bendición de su patrona, porque cada vez que salía a sus presentaciones se encomendaba a ella.

En la canción “Mi Muchacho” dedicada a su hijo Rafael Santos, dejó una de las frases más entrañables a la festividad del 16 de julio:

“El 16 de julio es la fiesta de la Virgen del Carmen…”

Pero fue  en “Un Canto Celestial” donde dejó ver un sentimiento más íntimo contando que el acordeonero Juancho Rois le regaló una imagen de la Virgen del Carmen, la misma que conservó en Carrizal, muy cerca de La Junta, como uno de sus mayores tesoros espirituales. Para Diomedes, aquella imagen representaba mucho más que un obsequio: era una compañía permanente. Sus familiares siguen venerando la imagen, la llenan de flores, escapularios y veladoras, como una forma de honrar esa devoción.

La fe del cantante fue puesta a prueba cuando enfrentó el síndrome de Guillain-Barré, enfermedad que lo dejó al borde de la muerte. Desde aquella cama de hospital hizo una promesa que después convertiría en canción. En “Volver a Vivir” le suplicó a la Virgen que no lo abandonara y prometió construirle una iglesia en Valledupar si lograba recuperarse. La letra resume uno de los momentos más difíciles de su existencia y refleja el profundo agradecimiento que sintió tras sobrevivir a la enfermedad. Aunque no cumplió su promesa,  personas cercanas aseguran que ese deseo siempre permaneció vivo en su corazón. 

“El Cacique de la Junta”, siguió venerando a la Virgen  del Carmen en canciones como “Mi Primera Cana”, “A Mitad del Camino”, “Se acabaron mis penas”, “Adiós Lunarcito” y otras obras donde la deja ver como guía, consuelo y esperanza. 

Resulta paradójico que un hombre tan admirado como cuestionado encontrara precisamente en la Virgen del Carmen el refugio para sus mayores angustias. Diomedes Díaz fue un artista capaz de llenar conciertos  y, al mismo tiempo, fue un creyente que elevaba plegarias con la humildad de cualquier feligrés.

Por eso, cada 16 de julio, cuando Colombia celebra a la patrona de conductores, transportadores y de millones de familias católicas,  en Valledupar se revive una parte esencial del legado del máximo ídolo del vallenato. En las emisoras vuelven a sonar aquellas estrofas donde la invoca y en las caravanas resuenan sus canciones; porque Diomedes Díaz entendió que la música también podía ser una oración. 

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