Los Kankuis fueron condecorados con la Orden de la Democracia

El vallenato en guitarra no es solo música; es la memoria viva de un pueblo que se resiste al olvido. En el corazón de Atánquez, el corregimiento resguardado por la Sierra Nevada de Santa Marta que los vio nacer, la agrupación musical Los Kankuís recibió el máximo reconocimiento que otorga la Cámara de Representantes de Colombia: la Orden de la Democracia “Simón Bolívar” en el grado Cruz Comendador.

El escenario no pudo ser más propicio. En el marco del Encuentro Cultural Étnico y Kankuamo, entre cantos ancestrales y el arraigo de la tierra, el representante a la Cámara por el Cesar, Eliécer Salazar López, hizo entrega de esta distinción que exalta más de tres décadas de resistencia, talento y salvaguarda del patrimonio nacional.

Tres décadas de resistencia y vallenato en guitarra
La iniciativa, impulsada por el congresista cesarense, no es un simple acto protocolario; es un acto de justicia cultural. Los Kankuís han dedicado más de 30 años a tejer puentes entre la tradición indígena nativa y los acordes nostálgicos del vallenato en guitarra, llevando el legado de la Sierra Nevada a escenarios nacionales e internacionales.
“Reconocer a Los Kankuís es rendir homenaje a una agrupación que ha dedicado su vida a preservar nuestras tradiciones, fortalecer nuestra identidad cultural y engrandecer el vallenato. Son un orgullo para el Cesar y para Colombia”, afirmó visiblemente emocionado el representante Eliécer Salazar durante la ceremonia.
La resolución de honores emitida por el Congreso resalta que la agrupación ha logrado consolidar una propuesta artística auténtica. Su música bebe directamente de la riqueza espiritual del pueblo kankuamo, logrando que las nuevas generaciones conecten con sus raíces a través del arte.
Un legado que trasciende las partituras

El valor de Los Kankuís en el panorama cultural colombiano se sostiene sobre tres pilares fundamentales que la Orden de la Democracia ha querido blindar como son la preservación del vallenato en guitarra, de las variantes más puras y románticas del folclor caribeño; la promoción de la cultura kankuama, es decir la visibilización de la cosmogonía y las luchas de los pueblos indígenas de la Sierra Nevada y la defensa del patrimonio, que impulsa la proyección internacional de una identidad regional que se niega a diluirse en la globalización.
El regreso a la raíz
Que la entrega se realizara en Atánquez añade un misticismo especial al reconocimiento. No se hizo en la frialdad de un auditorio capitalino, sino bajo el cielo de la tierra que inspiró sus primeras melodías. Fue una fiesta de la identidad donde el folclor demostró ser, como lo señaló Salazar, “la mayor riqueza del país”.
Con este emotivo homenaje, se reafirma la necesidad institucional de respaldar a los guardianes de la tradición, asegurando que los acordes de Los Kankuís sigan resonando con fuerza en la memoria colectiva de Colombia.




