Reflexión

Por: Félix Carrillo Hinojosa -Fercahino-
Muchos de los asistentes al parque de la leyenda Vallenata Consuelo Araujo Noguera se asombraron por mi actitud de silencio, ante el fallo del jurado del concurso de la canción inédita, que dio por descontado que mi obra ‘Vas a llorar’, paseo, fuera la ganadora.
Decidí que sea el tiempo, el justo juez sobre el camino que ha de transitar mi obra frente a las que ganaron, al tiempo que el pueblo y los medios esa noche, se manifestaron de manera contraria con la decisión y exaltaron la calidad e interpretación de ‘Vas a Llorar’, del mismo modo, plantearon muchos interrogantes frente a las ganadoras.
Decidí guardar silencio ante el error del jurado, porque creo en lo que hice como creador e intérprete, donde demostré, que se puede seguir componiendo vallenato sin blanqueamiento, ni hacer uso de la IA, ni del copie y pega o repitiendo más de lo mismo en narrativas y melodías, contrariando lo que aquí dicen defender, ante la exigencia de la UNESCO, pero que los fallos niegan.
Ese doble discurso no va conmigo, porque durante 54 años he luchado para contribuir en la divulgación del vallenato, local y nacional, como una bandera sana bajo la premisa de defender ese vallenato que por tradición hacemos.
Por fortuna, esa noche del sábado no salí derrotado, gané arropado por el manto de la dignidad cultural, que debe poseer el gladiador que defiende los caminos correctos de su música y no se deja arrastrar por los ecos de la farandulería, que muchas veces cubre a los eventos que están llamados a proteger y divulgar las raíces.
No estoy resentido, porque esa palabra no la conozco. Lo que sí les digo, es que este estoico sigue de pie y no necesita de ese tipo de jurado para convalidar su obra.
Esa noche del concurso, tomé el desamor como bandera y lo divulgué sin ofender a la mujer. Y eso, me encantó. Esa noche del concurso defendí de viva voz, al cantautor, el mismo que hizo la obra y debe defenderla y no pagar mucho dinero para que otro lo haga, sin sentirla. Esa noche defendí ‘el oficio’ que hace rato está perdido en muchos festivales. Por fortuna, no odio ni hago mandado para dañar a un concursante.




