Stanley Matutis: El lituano, “quillero” por adopción

El sacerdote que se metió a los barranquilleros en el bolsillo por sus acciones y dijo en Barranquilla me quedo. – Fue el guía espiritual de periodistas y comunicadores. – Sus restos reposan en la Iglesia de San Roque
Por : Wilber José Fábregas Molina
Llegó a Barranquilla en una misión especial, en un día como hoy a la ciudad de los brazos abiertos hasta convertirse en quillero por adopción. Ese fue el padre Matutis como le decían sin pelos en la lengua.
Hay un proverbio que dice: ” si llegas a Barranquilla, corres el riesgo de enamorarte de ella y no regresar más a tu pueblo natal, a tu país de origen “, ni para volver a decir: “A lo lejos se ve. Mi pueblo natal, no veo la santa hora de estar allá”(Niche).
Porque no te dan los pies para volver a tu tierra, como decían mis abuelos. Porque Curramba se te mete adentro, muy adentro del corazón, esa Barranquilla que es tu ciudad, la que siempre te ofrece una sonrisa, por la belleza de sus mujeres, su Carnaval, Paseo Bolivar, su Zona Franca, el rio Magdalena, por sus múltiples lugares atractivos. ¡Ah! Y lo más especial y chévere de todo, ese cariño con que te recibe su gente, que es única, que te saluda sin más allá y son más acá, como si tuvieran tiempo de conocerte y tú sabes que ajá.! Así quien no ¡Tu sabes cómo es la nota cuadro!.

Así sucedió aquel 13 de Julio de 1947, con el sacerdote lituano, Stanley María Matutis cumplía 34 años cuando llegó a la capital del Atlántico al ser nombrado párroco de San Roque, fecha que coincidió con su nacimiento 13 de Julio, pero, de 1913. en Lituania, un país soberano situado al norte de Europa que limita con el mar Báltico. Sus padres fueron Antonio Matutis y Susana Cyzauskaité.
Centro social Don Bosco
Logró fundar el Centro Social Don Bosco para proveer educación gratuita a los niños después de los disturbios de 1948, dejando una huella imborrable en el suroriente de Barranquilla concibiendo su propuesta educativa como solución al comportamiento de las personas que intervinieron en la agresión contra el colegio. Su entusiasmo y compromiso lo llevaron a recorrer casa por casa en la zona negra, con el único norte de recuperar la dignidad humana de esta comunidad y mejorar su calidad de vida.
Fue un sacerdote que se ganó el cariño de todos los habitantes del sector y barranquilleros en general, no descansó hasta conseguir donaciones públicas, privadas, de familias pudientes y organizaciones cívicas para terminar el Centro Social Don Bosco. Entre sus estrategias para recaudar fondos fue la creación de la Super Rifa Roqueña, la cual entregaba premios importantes como casas y carros, con el único propósito de lograr construir lo mejor para el Centro Social, los jóvenes y los más necesitados.
Esa obra benefició a miles de niños y jóvenes, muchos de los cuales lograron ser becados. El Centro Social funcionaba en un área de 50 mil metros cuadrados, con edificios para aulas y talleres, un auditorio y un restaurante al servicio de los estudiantes, donde los más pobres, reciben almuerzo gratuito.
Guía espiritual de los comunicadores

Se hizo amigo de periodistas y comunicadores sociales de la ciudad hasta convertirse en su guía espiritual, por lo que, por muchos años oficiaba la celebración de una eucaristía especial el día tradicional del gremio periodístico todos los 9 de febrero como un compromiso de unión con quienes llevaban cada día las informaciones a la sociedad. El acto religioso se viene cumpliendo en la iglesia de San Roque, aún después de fallecer en 1999.
La llegada del reverendo padre Matutis a Barranquilla coincidió con las festividades en honor de la Virgen del Carmen, cuya capilla quedaba en donde hoy funciona el Centro Social Don Bosco y tres años después, un 2 de marzo, el obispo de la Diócesis, Monseñor Jesús Antonio Castro Becerra, lo nombró párroco de San Roque, cargo que ocupó hasta su muerte.

El Colegio Salesiano San Roque ubicado frente al templo parroquial del mismo nombre, se vio envuelto en una oscura revuelta a raíz de los hechos violentos del 9 de abril de 1948, debido a la muerte del líder y caudillo Jorge Eliécer Gaitán, lo que ocasionó desórdenes en el país y Barranquilla no fue ajena a ese hecho, por lo tanto el plantel fue quemado por una turba proveniente de la Zona Negra, muy cerca del sitio.

Esa situación hizo reflexionar al sacerdote, quien llegó a la conclusión de que el comportamiento de esas personas alteradas por los lamentables hechos ante el asesinato del líder nacional había sido producto de la ignorancia y la falta de oportunidades. En ese sector de extrema pobreza de 140 manzanas sólo había un colegio; el San Roque. Fue entonces cuando le surgió la idea de construir el Centro Social Don Bosco y las escuelas gratuitas.
Cada día que pasaba el sacerdote lituano se compenetraba más con la gente y prácticamente fue aceptado como un barranquillero más, por lo que, para emprender su labor, se dedicó a conocer más a fondo la realidad social de la zona, visitando cada una de sus casas, comenzando por las más humildes. Inicialmente no fue recibido con agrado, pero logró que la gente cambiara de actitud. Luego abrió un pequeño taller de su parroquia.
La Zona Negra
Hay que blanquear la Zona Negra fue la consigna del dinámico párroco, quien tomó con firmeza y entusiasmo la causa de la rehabilitación de aquel sector y la lucha sin desmayo en pro de la dignidad humana. Y lo logró.
Estudiando la forma de ser de los fieles religiosos y los ciudadanos en general, se fue ganando el cariño de todos. Era un guía y una luz de esperanza para quienes llegaban a él, sobre todo para la gente de la Zona Negra. Aprendió sus costumbres y sus dichos y atendía sin afán a cada ciudadano.
Sus restos reposan en la Iglesia de San Roque el templo al cual le entregó parte de su vida.




