Los callejones de Valledupar, una conexión entre el pasado y el desarrollo urbanístico 

Por : Lida Mendoza Orozco. 

Los callejones del viejo Valle son parte de la memoria histórica de la Ciudad de los Santos Reyes, no son simples vías de tránsito; son como venas abiertas de una ciudad que se niega a olvidar su origen señorial y campesino; son testimonios invaluables del desarrollo urbano-colonial. 

Bajo el inclemente sol de Valledupar en pleno centro histórico se ubican estos pasajes, que nos devuelven en el tiempo al recorrer sus estrechas callecitas de adobe que nos permiten disfrutar del panorama de casitas de bahareque, techos de tejas coloradas y cercas de madera que nos recuerdan la esencia de la vida cotidiana en los años fundacionales de Valledupar. 

Lugares como el Callejón de la Purrututú, el Callejón de San Juan de Córdoba, el de Mahoma ( Majoma) o el de Pedro Antonio, han sobrevivido al avance del urbanismo y son el epicentro de una resistencia cultural que data del siglo XVI. 

Hoy es un placer sublime pasearse por allí, propios y turistas se toman el tiempo para disfrutar del colorido de sus murales que representan la cultura y el folclor de la ciudad. Los callejones más emblemáticos ubicados en el centro histórico de Valledupar son frecuentados por  todo el que busca sumergirse en la cultura y tradición de lo que era el viejo Valle, un poblado de pocas casas, con corrales cercados donde pacía el ganado, contrastando con algunos balcones coloniales que, entre mitos y leyendas que rondan en los callejones, aún sobreviven imponentes en el marco de la plaza Alfonso López como testigos fieles del paso de los años. 

El callejón de la Purrututú es quizás el más conocido. Su nombre deriva de la historia de una mujer que vivió en ese lugar, le encantaba dar de comer a las palomas y para llamarlas, emitía ese sonido “purrututú, purrututú”,  hoy es una joya recuperada con fachadas, flores coloridas, y murales representativos de la cultura vallenata. 

En los últimos años, Valledupar ha entendido que su futuro está en proteger estos pasajes. Por ello, se logró intervenir el callejón de La Purrututú y a través del arte, hoy se cuentan historias plasmadas en murales multicolores, convirtiéndose en una galería a cielo abierto que llama la atención de quienes visitan la ciudad. 

El callejón de Mahoma es un pasaje estrecho que guarda historias de la antigua estratificación social de la ciudad, mientras que el callejón de Pedro Antonio es un espacio que recuerda a los grandes hombres que forjaron el desarrollo político social del municipio. 

La gastronomía típica también se puede disfrutar durante este paseo, dulces y bebidas típicas son ofrecidas por los lugareños, que con orgullo atienden a los turistas que bajo el intenso sol se resguardan bajo la sombra de algunos árboles para deleitarse probando estas delicias, elaboradas con recetas que han pasado de generación en generación. 

Según el historiador Tomás Darío Gutiérrrez, los callejones son considerados “de lo más valioso que tiene la ciudad”, actuando como el corazón histórico que une el pasado colonial con la cultura vallenata. “El callejón no es una calle estrecha, es el abrazo de la historia que nos detiene para contarnos quiénes somos”.

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