Lola Bolaño, la verdadera pilonera mayor

Por: Lida Mendoza Orozco 

En las calles del viejo Valle, donde el eco del acordeón se sigue sintiendo con más fuerza cada mes de abril, existe un ritmo que proviene del golpe seco del mazo contra un mortero grande de madera. Es la danza del Pilón, y en el centro de ese universo de coloridas polleras y bateas, emerge la figura monumental de Lola Bolaños, la “Pilonera Mayor”. 

Dolores María Bolaño Romero, más conocida como Lola Bolaño, nació en Villanueva -La Guajira- y desde niña llegó a Valledupar, donde vivió hasta su muerte en 1992. Lola se caracterizó por ser una mujer alegre, dicharachera, conversadora, solidaria y parrandera y con un liderazgo y un carisma que le permitió destacarse en el arte de danzar El Pilón. 

El origen 

Antes de ser un espectáculo que cada año abre la programación del Festival de la Leyenda Vallenata, pilar era un oficio de mujeres que por costumbre ancestral, se reunían al alba, en los patios de las casas coloniales, para transformar el grano de maíz en harina, utilizando un pilón y un mazo; mientras lo hacían, las mujeres cantaban versos, moviendo las polleras “A quién se le canta aquí, a quién se le dan las gracias,  a los que vienen de afuera o a los dueños de la casa…” y los hombres aprovechaban para acercarse a cortejarlas mientras bailaban alrededor del pilón. 

A inicios del siglo XX Óscar Pupo Martínez, Evaristo Gutiérrez, Florentino González, Fidel Mejía, Rosa García, Isabel Rojas, Sebastiana Villero y Ana Francisca Guerra, se dieron a la tarea de organizarse y salir a las calles cantando las coplas y los versos del Pilón para disfrutar los carnavales de Valledupar. La danza del Pilón -como hoy se conoce- empezó primero a presentarse en salones en los barrios Cerezo, Cañaguate, La Garita, y en el Centro de Valledupar, luego se popularizó y fue Lola Bolaño, la mujer que tomó esa bandera para continuar la tradición y para ello, recibió el apoyo de Fidel Mejía Fuentes, que le insistía en que debía aprender a bailar el Pilón para que lo reemplazara cuando llegara el momento de su partida. Y así fue, Lola organizó su grupo, pulió los pasos y dictó el orden de los versos, asegurándose de que cada movimiento respetara la tradición de sus ancestros.

La danza del Pilón en el Festival Vallenato 

Durante décadas, el Festival de la Leyenda Vallenata se centró casi exclusivamente en la competencia de acordeones. Pero en 1981 por iniciativa de Cecilia “La Polla” Monsalvo, y con el apoyo de Consuelo Araújo Noguera, la danza del Pilón fue incluida en este certamen, primero como expresión artística de exhibición y posteriormente se convirtió en un concurso más en categoría infantil, juvenil y adulto, lo que ha permitido la preservación de esta danza tradicional. 

El Pilón dejó de ser una labor doméstica para transformarse en una expresión de orgullo para los vallenatos, que cada mes de abril se reúnen en torno al pilón para dar la bienvenida a quienes llegan a la ciudad a disfrutar del Festival de la Leyenda Vallenata. Así fue como Lola Bolaño comenzó a brillar, su liderazgo, su talento para la danza y su alegría se hicieron visibles y logró organizar junto a mujeres mayores de 65 años, el primer grupo de Piloneras que participó en la fiesta magna de Valledupar. 

Lola no pedía permiso, ella se imponía con la elegancia de su danza, su entusiasmo y sus coloridos vestuarios. Fue ella quien demostró que el vallenato no solo se toca, sino que se baila con la cadencia de la molienda, que rinde tributo a la raíz. 

Por todo ese trabajo cultural, en un homenaje realizado en Bogotá, en la Plaza Bolívar (en los años 70), el presidente Alfonso López Michelsen atribuyó a Lola Bolaño el nombre de “Pilonera Mayor”. Sin embargo, a pesar de ser la columna vertebral de esta tradición, el nombre de Lola Bolaños parece habitar en una sombra injusta. Mientras los reyes vallenatos son coronados, Lola —quien entregó su vida a la organización y preservación de la danza— no cuenta con un monumento o un reconocimiento público de la magnitud que su obra merece.

 Hoy, cada vez que una pareja de piloneros sale a la calle al ritmo de “¿A quién se le canta aquí? / ¿A quién se le dan las gracias?”, Lola Bolaños está presente. Su reconocimiento no debería ser solo una monumento o una placa, sino entender que con su disciplina y su amor por esta danza, evitó que el pasado se volviera polvo, dándole a Valledupar el ritmo de su propia historia.

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