Josefina Cassiani, un legado culinario que trascendió fronteras 

Por: Lida Mendoza Orozco

Josefina Cassiani, la matrona, la cocinera tradicional que hacía vibrar a sus comensales con sus preparaciones,  falleció recientemente en Barranquilla, dejando un invaluable legado gastronómico con su icónico sancocho de guandú, que llevó a convertirlo en símbolo cultural de la ciudad. 

Desde hace décadas, Josefina había convertido su casa en un restaurante, pero no cualquier restaurante, era un espacio de preservación de memoria culinaria barranquillera, de olores y sabores ancestrales donde logró a través de su sazón, contar la historia de esta ciudad que a pesar de la gran migración de principios del siglo XX, cuando llegaron familias enteras a radicarse trayendo sus propias costumbres y tradiciones, nunca  dejó morir su riqueza gastronómica y logró visibilizarla en ese rinconcito especial.

El recetario de cocina de Josefina no fue hecho de la noche a la mañana, desde pasadas generaciones la familia fue construyendo patria a través de las deliciosas preparaciones que ella fue aprendiendo desde niña, eran recetas caseras de su madre, su abuela y su tía,  a las que le aprendió rápidamente y con el tiempo logró perfeccionar sin ningún tipo de formación académica, solo con su amor por la gastronomía, su respeto por las raíces y la sabiduría ancestral, que la llevarían a convertirse en un referente nacional de la cocina típica costeña y  que hoy es reconocida por el sancocho de guandú, el emblemático plato barranquillero que transformó en una experiencia única para los comensales nacionales e internacionales que han tenido la oportunidad de disfrutar de su preparación. 

Quienes han entrado a su restaurante han sentido  el aroma de sus preparaciones impregnadas de historia, de memoria, de identidad. 

En 2007 el Ministerio de Cultura entregó el Premio Nacional de Gastronomía a Josefina Cassiani,  fue el sello de “Portadora de Tradición”, fue el reconocimiento a la mujer que, mientras el mundo se apresuraba hacia la comida rápida y los sabores artificiales, se mantuvo firme defendiendo el fuego lento. Aquel premio consolidó su nombre, pero no cambió su esencia; ella regresó a sus ollas, a seguir brindando amor a través de sus preparaciones. 

Hoy Josefina Cassiani se ha ido, nos deja un legado invaluable, un interesante aporte a la gastronomía, se fue no solo una cocinera, se fue una guardiana del arte culinario tradicional, su cocina es la herencia africana que seguirá palpitando en el Atlántico y en Colombia. 

Fotografías tomadas de la cuenta de Instagram de Josefina Cassiani

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