Hace 15 años llegó Tobías Enrique

Por : FraCa
Fue nuestro primer perro en este hemisferio de la vida. Llegó cuando todavía estábamos aprendiendo a llamar hogar a esta tierra, y sin saberlo, se convirtió en uno de nuestros mejores maestros.

Me enseñó de lealtad sin discursos, de compañía sin condiciones y de amor sin calendario.

Recuerdo que, trabajando entre tecnología y máquinas herramienta, apareció un ganglión en mi mano derecha. Por las noches me dolía y yo hacía lo que hacemos muchos humanos: quejarme. Tobías se acercaba en silencio y comenzaba a lamer justo donde estaba la molestia. Nunca supe cómo lo sabía, pero parecía entender exactamente dónde me dolía.

La vida tampoco ha sido plana. Ha tenido alegrías inmensas y algunas tormentas. Y en esos días difíciles, cuando el estrés se sentaba a la mesa sin invitación, casi siempre encontraba a Tobías más cerca de lo habitual, como si los perros escucharan cosas que nosotros no decimos.
Ya cumplió 15 años

Dicen que los perros terminan pareciéndose a sus dueños… y Tobías es la prueba viviente: las barbas ya blancas, el caminar cansino y esa serenidad que solo regalan los años. Al final, quizá él no se parece a mí; somos el mismo corazón, en dos etapas distintas de la vida.

Y mientras su paso es más lento y el hocico más blanco, su presencia sigue teniendo el mismo efecto: recordarme que la lealtad existe, que el amor no necesita palabras y que algunos ángeles, simplemente, nacen con cuatro patas.




