Geraldine Emiliani estuvo allí para escucharnos

Los periodistas también somos vulnerables y la psicóloga clínica nos acompañó, pero también compartió sus saberes en sus columnas.
Por: Grisel Bethancourt
-Panamá-. Por primera vez lo cuento. En el periodismo no todo es reconocimiento, primicias o satisfacción por el trabajo realizado. También hay lágrimas, decepciones, silencios e incomprensiones.
Los periodistas también somos vulnerables. Muchas veces dejamos pasar situaciones dolorosas por conservar la estabilidad laboral.
Callamos para no perder el empleo, seguimos trabajando como si nada ocurriera y aprendemos a ocultar el cansancio detrás de una libreta, una cámara o una noticia.
Pero llega un momento en que el cuerpo y la mente advierten que algo no está bien.
Eso me ocurrió mientras ejercía como periodista judicial. Atravesaba una situación de estrés laboral y necesitaba dejar constancia de lo que estaba viviendo. Había un sinnúmero de diferencias para trabajar en un grado de calidad y yo debía estar en mis cinco sentidos, concentrada, porque tenía bajo mi responsabilidad temas complejos y profundamente delicados a nivel judicial. Cubrir esta área no es fácil, comenzó un adormecimiento del lado izquierdo de mi cabeza, el cabello comenzó a caerse, y el dolor en el cuello y hombro era insoportable. Luego de una resonancia y ser atendida por un ortopeda privado, este me dijo que no tenía problema cervical; sinembargo, me habló de algo que yo no había mencionado: que estaba pasando por un estrés fuerte y que podía desencadenar en otra situación de salud.
Fue entonces cuando acudí a la Policlínica de Betania y conocí la atención profesional de Geraldine Emiliani. Ella me escuchó sin juzgarme. Comprendió lo que estaba atravesando y me dio la fuerza para entender que podía seguir bregando sin permitir que aquellas circunstancias terminaran por quebrarme.
Geraldine fue psicóloga, columnista, amiga y consejera. Su voz y su acompañamiento se convirtieron en el hombro de muchos periodistas que acudieron a ella por estrés, bullying, acoso laboral, violencia digital y ataques en las redes sociales.
Después de aquella consulta, también se convirtió en una fuente valiosa para mis trabajos periodísticos. Cuando algún colega necesitaba orientación profesional, sabía que podía encontrar en ella una mano extendida y una palabra serena.
Como columnista, escribió con sensibilidad y lucidez sobre la realidad. Como psicóloga, estuvo allí cuando muchos necesitábamos ser escuchados, incluso cuando no nos atrevíamos a decir públicamente que algo nos dolía.
Hoy cuento esta experiencia porque detrás de cada periodista también hay un ser humano. Recuperé mi fuerza interior, no hubo más caída del cabello, me apliquè medicamentos e hice también terapia para los dolores de cuello y hombro. Somos vulnerables, alguien que siente, que se cansa, que llora y que, en ocasiones, necesita ayuda para continuar.
Geraldine Emiliani fue un soporte invaluable para muchos periodistas. Yo puedo decirlo porque, cuando la necesité, ella estuvo allí.
Hasta luego, Geraldine.




