Ángeles somos del cielo venimos

Expresion, estribillo que casi no se escucha como en otrora.- “Ángeles somos del cielo venimos pidiendo limosna pa’ nosotros mismos”.
Por Wilber José Fabregas Molina.
Recordar es vivir, es retornar a aquellos viejos tiempos pasados que nunca volverán, pero que formaron parte de nuestra cultura de la infancia, como una sana tradición, donde la inocencia primaba.
El despuntar la mañana o el día, era lo más importante para la chiquillada de los años 60 a 70 que esperaba ansiosa el amanecer del primero de noviembre para reunirse con sus compañeros de clases, con sus vecinos y/o amigos y recorrer las calles de los barrios de las ciudades y de los pueblos, llegando en manada a pedir sus angelitos.

“Ángeles somos del cielo venimos pidiendo limosnas pa’ nosotros mismos “.
Daban a entender con ese estribillo, cual era esa sana misión que expresaban, pedir golosinas para compartir entre sí y la comunidad que la conformaban los hogares nuestros, de familias de escasos recursos de diversos niveles sociales muy orondos gozaban al verlos llegar con esa cara de inocencia y deseos de obtener lo anhelado, luego se retiraban agradeciendo lo obsequiado para continuar el camino hasta cuando el cuerpo aguantara.
Pero como de todo hay en la viña del Señor-una expresión bíblica- no todo era alegría o satisfacción para ellos y no se escapaban las familias “cujís” como se le decía en esa época a los tacaños, mezquinos, personas descritas así por no complacer a esos ansiosos menores de edad quienes vestidos de angelitos esperaban algo, así fuera un caramelo, o arrancamuela como se conocían algunos dulces tradicionales.
Pero toda acción realizada tenía su repuesta de parte de los menores cuando eran bien recompensados, esos chicuelos devolvían en coro esa acción benéfica y coreaban ” Esta casa es de Rosa donde viven las hermosas .
Cuando se encontraban con familias que no los atendían también se manifestaban con coros como “Esta casa es de espinas, donde viven las mezquinas”.
Algunos, los más avispados, los heridos en su amor propio de niños, por el desaire les decían en coro “Esta casa es de aguja donde viven las brujas”.
Cómo era esa costumbre

Cada primero de noviembre ha sido demoninado el Día de los Angelitos, de los la tradición católica,incluye tambien a los niños que han fallecidos, los angelitos, que van directamente al cielo por no poseer malicia ni pecado, lo cual forma parte de nuestra identidad, del patrimonio cultural vivo del Caribe conmemorado un día después de la realización de la fiesta pagana de las brujas y un día antes de la conmemoración de la fecha de los santos difuntos.
La pérdida de una tradición

Otros coros con motivo de esta tradición se dejaron escuchar “No te rías, no te rías, que la mochila está vacía, papaya fría pa’ las querías, papaya asa pa’ las casá”.
“No me veas, no me veas
Saca el bollo de la batea”
“Tienes sencillo tienes sencillo, cinco pesos pa’mi bolsillo”.
En esas épocas por lo general los niños llenaban sus mochilas o bolsas de telas o talegos con productos de la madre naturaleza, yuca, ñame, caña, batatas,cultivos de la gente que en su mayoría eran familias de campesinos, que labraban la tierra.
Una vez obtenido lo recolectado, escogían una casa para preparar un sancocho. Muchas personas les apoyaban con carne, hueso y costillas, luego se lo distribuian y cada uno llevaba para su hogar dicho sancocho.
Cuánto no anhelábamos en nuestra infancia la llegada del primero de noviembre o más exactamente la fecha de los angelitos, en donde como un hábito salíamos a las calles, en medio de nuestra inocencia a “rebuscarnos” con las golosinas que nos entregaban nuestros vecinos y los habitantes en general de los pueblos de nuestras regiones. Era algo que nos llenaba cuando retornábamos al hogar de nuestros padres, de nuestros abuelos, para con ellos y el resto de la familia, compartir lo que con cariño nos entregaban los adultos que día antes se preparaban para admirar esos grandes desfiles de pelaos por las calles de las poblaciones.
Y hacia más agradable el momento la canción de Rufo Garrido que se dejaba escuchar en cada una de las casas como un himno de la fecha, anunciando que se acercaban los niños y jóvenes a buscar sus golosinas “pa nosotros mismos”.
Desde la aparición de la celebración del día de Halloween en Colombia, se ha suscitado un dilema: ¿Cuál es el verdadero día de los niños?… el 31 de octubre, o el 1 de noviembre todos luchamos para que no se pierda esta tradición.




