“En un patio de Valledupar, el Binomio de Oro volvió a cantar en la voz de su pueblo”

Por :Josefina Jimeno Saade. Comunicadora Social-periodista
Bajo el sol ardiente de Valledupar, donde el aire parece llevar siempre un acorde de nostalgia y fiesta, el Festival de la Leyenda Vallenata volvió a convertirse en el epicentro de la tradición y la memoria. Este año, el homenaje al legendario Binomio de Oro no solo se sintió en los escenarios oficiales, sino también en los rincones más íntimos, donde el vallenato respira su esencia más pura: el patio de una casa.
Y, cuando abril se viste de acordeones y la brisa parece llevar historias antiguas, este Festival vuelve a encender la llama de la tradición y a sus alrededores, la gente vive la fiesta que se metió, como debe ser, en el corazón mismo del pueblo: una parranda de patio, de esas que guardan la esencia más pura del vallenato.

Allí, bajo un cielo tibio y cómplice, se reunieron seguidores venidos de distintas regiones del país y hasta de otras latitudes del mundo. Los binomistas, unidos por la nostalgia y el amor a un legado musical imborrable, encontraron en ese patio el lugar perfecto para rendir tributo a quienes marcaron la historia del género: Israel Romero, el legendario Pollo Irra y el siempre recordado Rafael Orozco.
La parranda, como en los tiempos de los juglares, no necesitó más que sillas, risas y músicos dispuestos a dejar el alma en cada canción. El protagonista fue Rubén Olivella, oriundo de Villanueva, tierra fértil de dinastías vallenatas como la de los Romero. Aunque no proviene directamente de una estirpe musical, lleva en la sangre una vena heredada de su abuela materna, que ha sabido convertir en pasión y oficio.
A su lado, el acordeonero Pacho Rivera y otros músicos se encargaron de animar la velada, tejiendo una estela cargada de recuerdos, anécdotas y canciones que fueron coreadas por todos los presentes. Es de anotar que Pacho Rivera, excelente acordeonista quien grabara al lado de Humberto Rivera la canción El Poema.

En medio de la parranda, Olivella compartió su historia. Contó que esta reunión nació del deseo de compartir con seguidores que llegaron desde distintos rincones del país, y de brindarles, en esta tierra hermosa, un homenaje sentido. Aunque trabaja en el sector minero, le dedica más tiempo a la música, ese hobby que siempre fue su verdadera vocación.
Sus influencias vienen de lejos: de los años 70, siguiendo a los Hermanos Zuleta y a Jorge Oñate, y más adelante aparece Diomedes Díaz. Reconoce en el Binomio una revolución musical: El Binomio de Oro con cantos que son poesía hecha canción, de ellos se puede decir que innovaron en la música Vallenata con la inclusión de nuevos instrumentos y una propuesta que llevó el vallenato a escenarios internacionales.
Ruben Olivella es compositor e intérprete, ha grabado cerca de 30 canciones, tanto propias como de otros autores, y ha compartido estudio con músicos como Darío López. Después tuvo u largo receso musical obligado por su trabajo, pero, posteriormente el “gusanito” de la música volvió a despertarse, y hoy canta con más fuerza que nunca.
Sin embargo, también reflexiona sobre los cambios del tiempo. “Antes uno se enamoraba con cartas, hoy es por WhatsApp”, dice, dejando entrever una nostalgia por la inspiración de antaño, cuando el río, la distancia y el misterio alimentaban la poesía. Cree que el exceso de inmediatez ha transformado la manera de sentir y de componer, y hace un llamado a los jóvenes a escuchar, aprender y no dejar perder la esencia del vallenato.
Para él, este homenaje al Binomio es más que un recuerdo: es una invitación. Una “espinita” que espera despierte en las nuevas generaciones el amor por un legado que no debe apagarse. Porque aunque los tiempos cambien, el vallenato sigue siendo ese puente entre el alma y la palabra.
Y así, entre acordeones y voces al unísono, la parranda se extendió hasta entrada la noche, confirmando que en Valledupar el folclor no solo se celebra, se vive. En cada patio, en cada canción, y en cada corazón que se niega a dejar morir la tradición.




