Valledupar señorial y turística

Por : Lida Mendoza Orozco 

En los últimos años Valledupar ha tenido un importante desarrollo urbanístico, social y cultural que le ha permitido avanzar y convertirse en un destino turístico ideal para quienes buscan espacios naturales para disfrutar de paisajes, música, cultura y tradiciones. Visitarla es entregarse a recorrerla y disfrutar de la magia macondiana que ofrece en cada rincón y que ha sido relatada por juglares y compositores vallenatos pero también por Gabriel García Márquez en su obra Cien años de soledad, entre otros autores que coinciden en que esta ciudad merece ser conocida y visitada para impregnarse de su magia.

 Aquí los turistas se embriagan con el verdor de sus calles y avenidas cubiertas por las espléndidas sombras de árboles de Mango, Cañaguates, Ceibas y Cauchos inmensos que extienden sus ramas para abrazar a los visitantes que se dejan envolver por su encanto al son del acordeón, la caja y la guacharaca. 

El balneario Hurtado con el majestuoso río Guatapuri y su monumento a la sirena, es uno de los sitios más emblemáticos de Valledupar, quienes vienen a conocer la ciudad, siempre quieren visitarlo y sumergirse en sus frías aguas; los vallenatos siguen insistiendo en que, quienes se bañan en el Guatapurí regresan o se quedan a vivir en el Valle. Allí mismo en el balneario, se puede disfrutar del ecoparque y del parque La Provincia; caminar por allí, es dejarse seducir por la cultura y el folclor en medio de la naturaleza y apreciar los monumentos que rinden tributo a los juglares, donde no pueden faltar las fotos que se vuelven recuerdos eternos. 

Valledupar es ciudad de monumentos, recorrer sus calles te lleva a conocer su cultura y su folclor, en cada glorieta se yerguen imponentes ante la mirada de quienes se pasean para disfrutar de ese recorrido. Mi Pedazo de acordeón, Los Gallos, Los Músicos, Leandro Diaz, la glorieta de Los Juglares, la avenida del Folclor, entre muchos otros, son muestra fiel de que en Valledupar se respira cultura. 

Otro de los grandes atractivos de la señorial Valledupar es su plaza Alfonso López, testigo de parrandas y duelos entre acordeoneros en su tarima “Francisco El Hombre”. Esta renovada plaza está rodeada de casas coloniales con ventanales de madera; al recorrerla, es imposible no detenerse a curiosear la historia de estas casonas que datan de los años 1.700; sentir la serenidad al mirar la majestuosidad de la iglesia La Concepción y  recordar las luchas del país ante la imponente escultura “La Revolución en marcha”, de Rodrigo Arenas Betancourt. 

Los museos del Acordeón, del Compositor, el de los Reyes vallenatos, del Cocha Molina y la Casita de bahareque, son fiel reflejo de que en esta ciudad el folclor se vive y se siente en cada rincón mientras las tradiciones se siguen conservando. Sus paisajes naturales se pueden disfrutar mucho mejor en sus corregimientos: La Mina con sus inmensas piedras blancas “como huevos prehistóricos “, en Atánquez donde se puede tener una experiencia cercana a la etnia kankuama, sus tejidos, su música, sus danzas, sus tradiciones religiosas y su cosmogonía; en Patillal, tierra de compositores, se pueden recorrer sus calles y conocer la historia de estos poetas nacidos en este rinconcito de Valledupar, plasmada en el parque de Las Monedas o  tomarse fotos en el monumento a Rafael Escalona mientras disfrutas de la gastronomía local. La visita infaltable es al rio Badillo y el arroyo La Malena, famosos porque son parte del repertorio de canciones vallenatas. 

Otro de los pueblitos que guardan encanto es Badillo donde está ubicada la iglesia San Antonio, templo colonial histórico reconocido como patrimonio nacional y valorado por su arquitectura y su monumento La Custodia; son algunos de los placeres de llegar a esta región y disfrutarla. 

Valledupar es, en esencia, una canción vallenata que nunca termina. Es el destino ideal para quien busca conectar con la tierra, la música y la calidez humana en su estado más puro. ¡Ven, visítala y enamórate de ella!

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