Cha cun chá, el ritmo que se pinta 

Lida Mendoza Orozco

El colectivo cultural del Cesar bajo la coordinación del poeta César González y la escritora Tannia Durán se hizo sentir en el marco del Festival de la Leyenda Vallenata con una exposición de pintores de la región, en busca de visibilizar el arte plástico mientras Valledupar vibra con el sonido de la caja, la guacharaca y el acordeón.

Artistas como Edgardo Mendoza, Jhon Álvarez, Nelson Álvarez, José Luis “El Turri” Molina, José Aníbal Moya, Leonel Montes de Oca, Alejandro Marrugo, Marian Sagbini y Gabriela Egurrola, presentan sus obras en un desfile de texturas y contrastes que cuelgan en las paredes de una imponente sala en el “balcón de los Ustariz” , una edificación colonial que data de los años 1700 y que en esta oportunidad abrió sus puertas al arte para que el mundo se entere que en la capital mundial del vallenato también hay talento para la plástica.

La muestra reúne una serie de obras que dialogan con la identidad caribeña desde una mirada contemporánea. No es una exposición complaciente ni folclórica en el sentido tradicional; más bien, toma elementos reconocibles —los colores cálidos, las figuras en movimiento, las escenas cotidianas— y los reinterpreta con una libertad que desarma cualquier expectativa previa. Aquí, el Caribe no es postal: es tensión, memoria y transformación.

El título, Cha cun Cha, remite inevitablemente a la musicalidad. Y eso se siente. Cada cuadro parece marcar un compás distinto: algunos vibran con una energía casi festiva, mientras otros invitan a una pausa introspectiva, como si el ritmo se quebrara para dar paso a la reflexión. En ese contraste está uno de los mayores aciertos de la exposición: no reducir la cultura a celebración, sino mostrarla también como un espacio de preguntas.

El público que recorre la sala reacciona de maneras diversas. Algunos se detienen largos minutos frente a una obra, como intentando descifrar sus capas; otros avanzan rápido, dejándose llevar por la impresión general. Lo interesante es que nadie parece indiferente. La exposición provoca, incomoda por momentos, pero también seduce.

En un contexto donde muchas propuestas culturales tienden a repetir fórmulas, Cha cun Cha apuesta por el riesgo. Y ese riesgo se agradece. No solo amplía el panorama artístico local, sino que invita a repensar qué significa hacer arte desde el Caribe hoy.

Al llegar, el visitante entra en éxtasis, camina con un ritmo diferente, quizás contagiado por esa danza visual. “Cha cun Cha” no es solo una exposición de pintura; es el latido de un pueblo que ha decidido que su historia también merece ser contada con el color del alma.

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